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Breve tratado sobre la terapia con rayos alfa, beta y gamma

Por el DR. T. HENRY MORAY, 1946. La ciencia reconoce que el bombardeo de la materia con partículas alfa de gran velocidad ha demostrado ser un potente método de estudio…

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Por el DR. T. HENRY MORAY, 1946

 

La ciencia reconoce que el bombardeo de la materia con partículas alfa de gran velocidad ha demostrado ser un potente método para estudiar la transformación artificial de los núcleos de varios elementos comunes. También se acumulan pruebas de que, mediante este método, podemos provocar la desintegración de un núcleo de mayor masa al capturar la partícula alfa que colisiona con él.

No se descarta que la ley anterior pueda aplicarse a la terapia y a otras investigaciones científicas. Mediante el tratamiento de las células del cuerpo humano pueden producirse transformaciones o desintegraciones artificiales. La desintegración de hongos y células que se han descontrolado en el organismo tiene valor terapéutico. La naturaleza puede entonces reconstruir con tejidos y células nuevos y sanos. Eso es lo que se intenta con las terapias de radio y rayos X, y se conseguiría si no fuera por los efectos destructivos del radio y de los rayos X sobre las células vivas. Con un blindaje adecuado y la aplicación de cantidades apropiadas de rayos alfa de gran velocidad, así como de rayos gamma y tratamientos con rayos beta, que son de naturaleza eléctrica, se pueden obtener efectos beneficiosos en muchos casos. Es posible lograr resultados terapéuticos valiosos sobre las células vivas si no se destruyen células ni tejidos al buscar un resultado.

Como el proceso radiactivo fundamental no se origina en la estructura electrónica de la superficie del átomo, sino en su centro, los aplicadores Moray Cosray permiten realizar una terapia profunda durante un periodo prolongado.

Es un hecho aceptado que la duración del día y de la noche es un factor muy importante para el crecimiento y el desarrollo de la mayoría de las plantas. Las más sensibles normalmente solo alcanzan las fases de floración y fructificación cuando la duración del día está dentro de determinados límites. Algunas responden a días largos y otras a días cortos. Por eso existen especies de maduración temprana y tardía, según la duración del día a la que estén expuestas. Las células animales también reaccionan a los rayos de luz y a los rayos que se encuentran más allá de ella. En este hecho se halla la base de la terapia con luz y rayos para tratar los tejidos y las células humanas: los efectos biológicos de las radiaciones sobre las células animales y vegetales. Las radiaciones también tienen efectos sobre la materia mineral. Afectan a pigmentos, bacterias, hongos y enzimas. Inducen aberraciones cromosómicas en los animales. El estudio de la absorción de radiación por los tejidos y de las mutaciones en la materia animal ofrece un verdadero campo para el avance terapéutico. La vida moderna, alejada de las radiaciones naturales porque se pasa tanto tiempo en interiores, hace necesario suministrar diversos rayos de forma artificial. En la terapia con rayos, el problema suele consistir en tratar tejidos enfermos situados bajo la piel. Existen dos cuestiones importantes: primero, cómo conseguir alivio sin dañar la piel, las células sanas y los tejidos interpuestos; segundo, cómo medir correctamente la dosis en profundidad administrada al tejido enfermo.

Con el aplicador de rayos Moray Cosray se puede prescindir de la segunda cuestión, porque ese problema no existe con estos aplicadores. La primera es una cuestión de tiempo, ya que sus rayos atraviesan el cuerpo humano, como se ha demostrado mediante pruebas con un contador Geiger Muller. Los rayos de estos aplicadores también atraviesan un espesor de plomo de – pulgadas. Lo anterior sirve para mostrar su poder de penetración; sin embargo, no dañan los tejidos sanos gracias a las características internas «phantom» incorporadas en los aplicadores como elemento patentado y a la naturaleza del material activo utilizado. El valor terapéutico de los rayos alfa, beta y, en especial, gamma en el tratamiento de las células epiteliales y de las afecciones malignas es demasiado conocido para dedicar aquí tiempo y espacio al tema. No obstante, su carácter destructivo ha sido su gran inconveniente: destruyen el tejido sano circundante mientras se tratan las células y los tejidos enfermos. Los aplicadores Moray Cosray no requieren ninguna protección especial de blindaje. Se pueden fabricar con cualquier forma y tamaño para adaptarlos de la mejor manera a la aplicación prevista.

Se ha prestado muy poca atención al valor terapéutico de los rayos beta. En la mayoría de los casos se ha procurado filtrarlos con mucho cuidado. El método Moray, aplicado correctamente, utiliza en algunos casos estos rayos beta en beneficio del tejido tratado.

En todas las formas de terapia con rayos gamma, las dosis se expresan en roentgens o «R». En otras palabras, la cantidad de radiación gamma recibida en una hora, a una distancia de un centímetro de una fuente que contiene 1 miligramo de radio en una envoltura de platino de 0,5 mm, puede considerarse aproximadamente igual a ocho roentgens u ocho «R».

Este procedimiento implica que la aplicación de la terapia requiere la estrecha supervisión de un experto. Con los aplicadores Moray Cosray no es necesaria esa supervisión estrecha, ya que su reacción no es tan intensa; aun así, como se ha explicado, poseen propiedades de penetración profunda y valor terapéutico de los rayos sin peligro para el tejido circundante.

El propósito de este folleto ha sido explicar de forma no técnica una pequeña parte de la ciencia de los fenómenos radiactivos, para que los usuarios actuales y potenciales de los aplicadores de rayos Moray Cosray, siendo Cosray una marca comercial, tengan alguna idea de los rayos que emiten estos aplicadores.

Durante la desintegración de estos aplicadores se emiten rayos alfa, beta y gamma. Las emanaciones alfa y beta son, en realidad, partículas cargadas, ya que pueden ser movidas por campos eléctricos. Los rayos gamma, al igual que el calor, la luz y los rayos X, son ondas electromagnéticas. Las partículas alfa son átomos de helio con carga positiva, pero poseen energías mucho mayores que las partículas positivas ordinarias. Las partículas beta son las mismas partículas catódicas, o electrones, pero son mucho más activas y alcanzan las mayores velocidades de cualquier sustancia conocida.

El periodo de semidesintegración de estos aplicadores Cosray es de unos 1600 años, por lo que puede verse que tendrán valor terapéutico durante varias generaciones humanas en el tratamiento de las células epiteliales y de las afecciones malignas para las que, hasta ahora, se han recomendado el radio y los rayos X.

 

 

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Este artículo se ofrece como material de archivo histórico, simbólico y orientado a quienes practican estas disciplinas. No constituye consejo médico, diagnóstico, tratamiento ni orientación sanitaria.

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